Amarga Navidad
Tibios aplausos en la sala del Cinemark un sábado a la tarde cuando termina la ultima pelicula de Almodovar.
Tibios aplausos en la sala del Cinemark un sábado a la tarde cuando termina la ultima pelicula de Almodovar, que llega directo de Cannes.
Pero Pedro Almodovar es impune a esa poca aceptación, aún con el publico argentino que es fan fan de él. Impune al no me gustó, al apartarse del cine que lo hizo un maestro. Y miren que las vimos todas desde los 90.
Es verdad que, tal vez no esté produciendo Amarga Navidad el romance de siempre con el público. Y tal vez ahi está la clave. Como si con su pelicula número 20 hubiera llegado a un punto en el que la historai que habla de sí mismo solo puede tener un espectador: él mismo. No como Dolor y gloria que fue un exitazo. Constituye Amarga Navidad, una gigantesca y bastante onerosa autoreflexión sobre qué es el cine y, particularmente, cómo se construye una historia, como se conectan las partes en un guión, qué escenas trascienden, qué hay que dejar de lado, que personajes son importantes. Inspiracion sí, inspiracion no, un poco de lo que le pasa a los amigos, a la pareja, al mundo que lo rodea. El lugar: su escritorio o el negro paisaje de Islas Canarias, en Lanzarote, o un parque, al final de la tarde.
En ese juego, los personajes se espejan: Elsa (la publicista con ataques de pánico, la directora de culto) es Mónica (la asistente infalible), pero también es Pedro, Raúl (Sbaraglia) es Pedro siempre, Beau (el streaper bombero, novio de Elsa) es Santi (novio de Raúl) Elena (novia de Mónica a quien se le muere un niño de un tumor) es Natalia (a quien se le muere un niño en un accidente), la madre de Elsa es la madre de Pedro aunque esta ultiman no aparezca. Los lugares son locaciones. Los sentimientos pueden intercambiarse. Un juego en el que realidad y ficción terminan identificándose de tal manera que se hace dificil en un momento saber cuál es cuál.
Me animaría a decir que la banda sonora de Alberto Iglesias (músico de Almodovar desde La flor de mi secreto) es una de las mejores cosas de la pelicula. Transporta a otro cine, le da volumen a los espacios y las historias, completa las zonas que parecen inocuas, ya sea un auto recorriendo la tierra negra de Lanzarote o una mujer tirando el celular en el té. Una música dedicada a sus personajes, si entran a la lista se daran cuenta. Moviéndose entre Bernard Herrman y Chavela Vargas y lo sabemos: sólo Almodovar puede hacer esto.
¿Qué puede ser amargo de una Navidad?. ¿La soledad? El duelo? El abandono?. La falta de inspiración? El fracaso? La canción de José Alfredo Jiménez cantada por la gran Chavela, La llorona, o la argentina Canción de las simples cosas.
Uno vuelve siempre
A los viejos sitios donde amó la vida
Y entonces comprende
Cómo están de ausentes las cosas queridas…
Dice la canción, nosotros volvemos, aunque insista una y otra vez a hablar de sí mismo, siempre a Almodovar, porque fuimos felices con él, sus historias, sus colores, su universo de mix entre cultura y pueblo, su cultura bien española, las mujeres, siempre las mujeres, y su mensaje siempre universal.




